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Dibujos animados de las cavernas

Me crucé otra vez con este tema, aunque el artículo tiene unos años: Early Human Made Animated Art, de Zach Zorich. Ya había visto algo sobre esto cuando se estrenó en cine la película de Herzog Cave of Forgotten Dreams.

La teoría es que algunas imágenes rupestres, a la luz tenue de la iluminación paleolítica, podían dar la idea de movimiento en las figuras.

Suena exagerado, claro. Pero a la vez no deja de fascinarme lo poco que se sabe acerca de esos dibujos que tienen más de 20000, incluso algunas más de 30000 años en la tierra. ¿Qué historias contaban? ¿Quiénes las hacían?

En los comentarios a este artículo encontré la recomendación para leer este otro: It’s about time, de Warren Criswell, y una novela de Kim Stanley Robinson, que voy a ver si consigo. Y también las ganas para volver a ver la película de Herzog y releer un artículo de John Berger que leí hace un tiempo y que habla también sobre los dibujos en las cuevas de Chauvet.

Blanco griego

En este artículo para The New Yorker, The Myth of Whiteness in Classical Sculpture, Margaret Talbot habla de “el secreto mejor guardado que ni siquiera es un secreto”. Las esculturas clásicas, que la historia del arte siempre nos muestra de un blanco impecable, en realidad eran coloreadas. De hecho, muchos hallazgos arqueológicos presentan restos de color, que si no se analizan cuidadosamente se pierden. Y luego, encima, en muchas ocasiones, fueron limpiadas y pulidas para la exhibición. Varios investigadores están intentando revertir esto, pero no solo se enfrentan a distintos tipos de análisis y cuestiones técnicas a la hora de las excavaciones, sino también con el concepto del público acerca del blanco de las esculturas como algo elegante y sobrio.

Deprimentemente bueno

The New Yorker cuenta la historia del origen de la serie animada “depressingly good” Bojack Horseman, con el comienzo de una nueva temporada a la vista, este fin de semana.

Acá el trailer oficial de la primera temporada:

Una copia es una copia

Interesante artículo con datos concretos acerca de los acuerdos entre editoriales y bibliotecas sobre los libros electrónicos.

Entiendo que funcione así, por cuestiones legales de derecho de autor. Pero me parece que un modelo al estilo netflix o spotify es mucho más lógico en el mundo de los archivos, que es distinto a las copias físicas de los libros. También me da intriga saber de esos acuerdos cuánto le corresponde a los autores y cuánto a la editorial.

La realidad ya no es lo que era

Me interesó el concepto de “realidad flexible” que se plantea en este artículo de análisis sobre las series animadas de Matt Groening. Entiendo que viene de otro lado y me voy a poner a investigar un poco más; sabía que existía, pero nunca me había puesto con el tema. Por otro lado, no acuerdo para nada con el análisis y la opinión acerca de Futurama o (Des)encanto.

La forma de las cosas

Parece que hay cosas nuevas bajo el sol. O más bien cosas que hubo siempre pero no habíamos notado. O si las habíamos notado, todavía nadie les había puesto nombre. ¿Cómo será la traducción? En inglés, nos describen, con cierta dificultad y mucha gracia, a los scutoids.

Estamos acá

“Todos mezclado, todos manoseados” como dice el tango.

Me crucé con una animación que ganó el Oscar en 1983, que -quizás no casualmente- se llama Tango. Es de un artista polaco: Zbigniew Rybczyński (no sé cómo se pronuncia, claro), y es una cámara fija que enfoca una habitación en la que van apareciendo 36 personajes sin interacción entre sí, como si se superpusieran los planos temporales de la vida en ese cuarto. La animación y más información sobre el artista en esta página: DionisoPunk (que parece tener mucho más para revisar y mirar). También la dejo acá:


Me hizo acordar a la novela gráfica Here, de Richard McGuire, que es una cosa impresionante. Por acá una reseña de The Guardian con más información. Y buscando sobre esto, encontré que hay también una versión digital, que me encantaría tener y chusmear.

En cuanto a literatura electrónica, hace unos meses en el Congreso de Promoción de Lectura de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, vi la ponencia de Lucas Ramada Prieto sobre esto mismo: apps, libros digitales, juegos… esas narrativas que no tienen límite preciso entre lo interactivo y lo tecnológico. Entre muchas otras cosas (la ponencia estuvo muy muy interesante) recomendó 18 Cadence, un ¿juego? literario que también transcurre en el mismo lugar a través del tiempo. Así que lo dejo acá para que lo explore mi yo del futuro o alguien que se siente luego en este lugar.

El que sabe, sabe

El periodista Diego Rottman compartió en su cuenta de twitter este link, en donde un entomólogo califica los emojis de hormigas de varios sistemas. Es gracioso y, además, me gusta que se note esa forma de mirar especializada que tiene un especialista.

Influencer o no influencer, esa es la cuestión

El jueves pasado leí “Cuando sea grande quiero ser influencer”, un artículo de Valentín Muro, sobre los influencers y los no influencers que actúan como sí, porque me llama la atención este momento en donde todo todo se sacan fotos y se publican en algún sitio. Ahí cita este breve artículo de Susan Sontag sobre fotografía, de 1977 (por cierto, qué bien que esté digitalizado ese archivo de The New York Review of Books). Sontag dijo en algún lado que el día está lleno de bolsillos para leer, y -haciendo honor a su comentario- lo leí mientras estaba en espera al teléfono para intentar hablar con una persona de correo argentino. Me dieron ganas de leer más a Sontag (que casi no leí) y de volver a ese libro sobre las imágenes de Peter Burke, que es una maravilla.

Llegué a la nota de Muro porque la publicó en su cuenta de Twitter, y ahí alguien le recomendó leer esta otra de Crisis, “Los influencers y el kiosco de la autenticidad”, de Nicolás Mavrakis, que me pareció muy interesante, sobre todo por los números, que no suelen abundar en estos temas.

Alguien también le recomendó este juego, que no me atreví a abrir, pero lo guardo acá por si hay algún valiente.

Y ayer salió esta otra nota, de Tomás Balmaceda, que se toca, sobre cómo los medios tradicionales (la tv) suma a su staff personas que ganaron notoriedad en medios alternativos (youtube o ig, por ejemplo). Supongo que se podría pensar algún tipo de relación con las editoriales que contratan para publicar textos que ya ganaron a sus lectores a través de los viejos y queridos blogs, o -más recientemente- en wattpad o que tienen sus fans en redes y les proponen proyectos de libros.