Mundo

Dibujos animados de las cavernas

Me crucé otra vez con este tema, aunque el artículo tiene unos años: Early Human Made Animated Art, de Zach Zorich. Ya había visto algo sobre esto cuando se estrenó en cine la película de Herzog Cave of Forgotten Dreams.

La teoría es que algunas imágenes rupestres, a la luz tenue de la iluminación paleolítica, podían dar la idea de movimiento en las figuras.

Suena exagerado, claro. Pero a la vez no deja de fascinarme lo poco que se sabe acerca de esos dibujos que tienen más de 20000, incluso algunas más de 30000 años en la tierra. ¿Qué historias contaban? ¿Quiénes las hacían?

En los comentarios a este artículo encontré la recomendación para leer este otro: It’s about time, de Warren Criswell, y una novela de Kim Stanley Robinson, que voy a ver si consigo. Y también las ganas para volver a ver la película de Herzog y releer un artículo de John Berger que leí hace un tiempo y que habla también sobre los dibujos en las cuevas de Chauvet.

Tim Wu: “El futuro de la humanidad depende de la ética del diseño

Tim Wu

Las plataformas como Facebook están diseñadas para meternos en un “falso loop”, en el que nada llega jamás a una conclusión. Pero nuestro cerebro está programado para narraciones con un comienzo y un final. La falta de final nos deja insatisfechos, y lleva a que sigamos eternamente dentro del loop de Facebook sin poder jamás llegar a un cierre.

El diseño de esas plataformas debería ser lo bastante ético como para evitar estas trampas. Así lo explica Tim Wu, tan convincente que hoy me siento un poquito peor que ayer.

Una copia es una copia

Interesante artículo con datos concretos acerca de los acuerdos entre editoriales y bibliotecas sobre los libros electrónicos.

Entiendo que funcione así, por cuestiones legales de derecho de autor. Pero me parece que un modelo al estilo netflix o spotify es mucho más lógico en el mundo de los archivos, que es distinto a las copias físicas de los libros. También me da intriga saber de esos acuerdos cuánto le corresponde a los autores y cuánto a la editorial.

Influencer o no influencer, esa es la cuestión

El jueves pasado leí “Cuando sea grande quiero ser influencer”, un artículo de Valentín Muro, sobre los influencers y los no influencers que actúan como sí, porque me llama la atención este momento en donde todo todo se sacan fotos y se publican en algún sitio. Ahí cita este breve artículo de Susan Sontag sobre fotografía, de 1977 (por cierto, qué bien que esté digitalizado ese archivo de The New York Review of Books). Sontag dijo en algún lado que el día está lleno de bolsillos para leer, y -haciendo honor a su comentario- lo leí mientras estaba en espera al teléfono para intentar hablar con una persona de correo argentino. Me dieron ganas de leer más a Sontag (que casi no leí) y de volver a ese libro sobre las imágenes de Peter Burke, que es una maravilla.

Llegué a la nota de Muro porque la publicó en su cuenta de Twitter, y ahí alguien le recomendó leer esta otra de Crisis, “Los influencers y el kiosco de la autenticidad”, de Nicolás Mavrakis, que me pareció muy interesante, sobre todo por los números, que no suelen abundar en estos temas.

Alguien también le recomendó este juego, que no me atreví a abrir, pero lo guardo acá por si hay algún valiente.

Y ayer salió esta otra nota, de Tomás Balmaceda, que se toca, sobre cómo los medios tradicionales (la tv) suma a su staff personas que ganaron notoriedad en medios alternativos (youtube o ig, por ejemplo). Supongo que se podría pensar algún tipo de relación con las editoriales que contratan para publicar textos que ya ganaron a sus lectores a través de los viejos y queridos blogs, o -más recientemente- en wattpad o que tienen sus fans en redes y les proponen proyectos de libros.

Pueblo Potemkin

Kijŏng-dong, pueblo fantasma en la zona desmilitarizada que separa las dos Coreas. Foto: dominio público.

La postura oficial del gobierno norcoreano es que el pueblo alberga una granja colectiva de 200 familias equipada con guarderías, escuelas de primaria y secundaria, y un hospital.​ Sin embargo, la observación que se ha hecho del pueblo desde el sur sugiere que se trata en realidad de un pueblo Potemkin deshabitado, construido en los años 1950 sin reparar en gastos, en una maniobra propagandística destinada a promover la deserción en Surcorea y alojar a los soldados del régimen juche destinados en las fortificaciones, puestos de artillería y búnkeres subterráneos situados a lo largo de la frontera. Pese a que no puede ser visitado, se trata de la única localidad norcoreana visible y audible desde Corea del Sur, y por extensión el mundo occidental. (Wikipedia)