Vida

El zen y el arte de tipear

Hace poco mi hijo me dijo que el Dalai Lama medita arreglando relojes. Me pareció un dato simpático, aunque no le creí mucho. Igual que todo el mundo, mi hijo encuentra su información en lugares turbios de la web, como redes sociales y foros de juegos.

El Dalai Lama arregla relojes

Resulta que es cierto. Al menos, tan cierto como puede ser lo que aparece en un sitio llamado Facts and Details, con el apoyo de la foto del costado.

Frank Bruni, columnista del New York Times, no nombra al Dalai Lama en su columna de hoy, pero podría. Lo que aprendió Bruni a los 17 años en una “escuela de secretariado” fue, superficialmente, a tipear. En un nivel más profundo, a concentrarse en una tarea aburrida por largo tiempo. “Hay muchos caminos a la disciplina y la confianza. Yo llegué tipeando”.

Más tarde se encontraría con libros como Zen and the Art of Motorcycle Maintenance, de Robert M. Pirsig, que habla de lo mismo. Tipear, dice Bruni, era su equivalente al mantenimiento de una moto, “el ejercicio monótono que llevaba a cabo siguiendo un estándar clásico y exigente, hasta el último detalle” (“the humdrum exercise that I performed to a classical, exacting standard, getting the details right”).

Haberlo sabido antes. Qué necesario es tener un recurso, un refugio, una reserva así, y cuánto cuesta generarlo. Como cuesta confesar que no, los jueguitos de compu o de teléfono no tienen el mismo efecto.