Claro de luna al cuadrado

“Claro de luna” (Debussy) sobre la luna (por la NASA). (Vía Kottke.)

Estamos acá

“Todos mezclado, todos manoseados” como dice el tango.

Me crucé con una animación que ganó el Oscar en 1983, que -quizás no casualmente- se llama Tango. Es de un artista polaco: Zbigniew Rybczyński (no sé cómo se pronuncia, claro), y es una cámara fija que enfoca una habitación en la que van apareciendo 36 personajes sin interacción entre sí, como si se superpusieran los planos temporales de la vida en ese cuarto. La animación y más información sobre el artista en esta página: DionisoPunk (que parece tener mucho más para revisar y mirar). También la dejo acá:


Me hizo acordar a la novela gráfica Here, de Richard McGuire, que es una cosa impresionante. Por acá una reseña de The Guardian con más información. Y buscando sobre esto, encontré que hay también una versión digital, que me encantaría tener y chusmear.

En cuanto a literatura electrónica, hace unos meses en el Congreso de Promoción de Lectura de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires, vi la ponencia de Lucas Ramada Prieto sobre esto mismo: apps, libros digitales, juegos… esas narrativas que no tienen límite preciso entre lo interactivo y lo tecnológico. Entre muchas otras cosas (la ponencia estuvo muy muy interesante) recomendó 18 Cadence, un ¿juego? literario que también transcurre en el mismo lugar a través del tiempo. Así que lo dejo acá para que lo explore mi yo del futuro o alguien que se siente luego en este lugar.

El zen y el arte de tipear

Hace poco mi hijo me dijo que el Dalai Lama medita arreglando relojes. Me pareció un dato simpático, aunque no le creí mucho. Igual que todo el mundo, mi hijo encuentra su información en lugares turbios de la web, como redes sociales y foros de juegos.

El Dalai Lama arregla relojes

Resulta que es cierto. Al menos, tan cierto como puede ser lo que aparece en un sitio llamado Facts and Details, con el apoyo de la foto del costado.

Frank Bruni, columnista del New York Times, no nombra al Dalai Lama en su columna de hoy, pero podría. Lo que aprendió Bruni a los 17 años en una “escuela de secretariado” fue, superficialmente, a tipear. En un nivel más profundo, a concentrarse en una tarea aburrida por largo tiempo. “Hay muchos caminos a la disciplina y la confianza. Yo llegué tipeando”.

Más tarde se encontraría con libros como Zen and the Art of Motorcycle Maintenance, de Robert M. Pirsig, que habla de lo mismo. Tipear, dice Bruni, era su equivalente al mantenimiento de una moto, “el ejercicio monótono que llevaba a cabo siguiendo un estándar clásico y exigente, hasta el último detalle” (“the humdrum exercise that I performed to a classical, exacting standard, getting the details right”).

Haberlo sabido antes. Qué necesario es tener un recurso, un refugio, una reserva así, y cuánto cuesta generarlo. Como cuesta confesar que no, los jueguitos de compu o de teléfono no tienen el mismo efecto.

El que sabe, sabe

El periodista Diego Rottman compartió en su cuenta de twitter este link, en donde un entomólogo califica los emojis de hormigas de varios sistemas. Es gracioso y, además, me gusta que se note esa forma de mirar especializada que tiene un especialista.

Influencer o no influencer, esa es la cuestión

El jueves pasado leí “Cuando sea grande quiero ser influencer”, un artículo de Valentín Muro, sobre los influencers y los no influencers que actúan como sí, porque me llama la atención este momento en donde todo todo se sacan fotos y se publican en algún sitio. Ahí cita este breve artículo de Susan Sontag sobre fotografía, de 1977 (por cierto, qué bien que esté digitalizado ese archivo de The New York Review of Books). Sontag dijo en algún lado que el día está lleno de bolsillos para leer, y -haciendo honor a su comentario- lo leí mientras estaba en espera al teléfono para intentar hablar con una persona de correo argentino. Me dieron ganas de leer más a Sontag (que casi no leí) y de volver a ese libro sobre las imágenes de Peter Burke, que es una maravilla.

Llegué a la nota de Muro porque la publicó en su cuenta de Twitter, y ahí alguien le recomendó leer esta otra de Crisis, “Los influencers y el kiosco de la autenticidad”, de Nicolás Mavrakis, que me pareció muy interesante, sobre todo por los números, que no suelen abundar en estos temas.

Alguien también le recomendó este juego, que no me atreví a abrir, pero lo guardo acá por si hay algún valiente.

Y ayer salió esta otra nota, de Tomás Balmaceda, que se toca, sobre cómo los medios tradicionales (la tv) suma a su staff personas que ganaron notoriedad en medios alternativos (youtube o ig, por ejemplo). Supongo que se podría pensar algún tipo de relación con las editoriales que contratan para publicar textos que ya ganaron a sus lectores a través de los viejos y queridos blogs, o -más recientemente- en wattpad o que tienen sus fans en redes y les proponen proyectos de libros.

Norwegian Wood: Catorce versiones en diagonal

Imprimir edificios en 3D (para vivir en Marte)

Lo explican en Fast Company. (La imagen es de la NASA.)

Cómo empeorar el tránsito

Si uno agrega una ruta nueva a las que ya existen para viajar entre dos puntos, es posible que el tránsito empeore en vez de mejorar. Esta es la paradoja de Braess, que Adrián Paenza explica amablemente en El Cohete a la Luna. Para una descripción más técnica, siempre se puede contar con Wikipedia.

Esto se emparenta con el fenómeno de la demanda inducida, cuando se aplica al transporte: agregá más carriles a una autopista, y el tránsito empeorará. Según Wikipedia,

el urbanista Jeff Speck ha llamado a la demanda inducida “el gran agujero intelectual intelectual en la planificación de la ciudad, la única certeza profesional que todos los que piensan parecen reconocer, aunque casi nadie está dispuesto a hacer algo al respecto”.

Igual, como explica Tom Gauld, esto no va a durar para siempre. Quién sabe a dónde nos llevará el futuro:

Pueblo Potemkin

Kijŏng-dong, pueblo fantasma en la zona desmilitarizada que separa las dos Coreas. Foto: dominio público.

La postura oficial del gobierno norcoreano es que el pueblo alberga una granja colectiva de 200 familias equipada con guarderías, escuelas de primaria y secundaria, y un hospital.​ Sin embargo, la observación que se ha hecho del pueblo desde el sur sugiere que se trata en realidad de un pueblo Potemkin deshabitado, construido en los años 1950 sin reparar en gastos, en una maniobra propagandística destinada a promover la deserción en Surcorea y alojar a los soldados del régimen juche destinados en las fortificaciones, puestos de artillería y búnkeres subterráneos situados a lo largo de la frontera. Pese a que no puede ser visitado, se trata de la única localidad norcoreana visible y audible desde Corea del Sur, y por extensión el mundo occidental. (Wikipedia)

Roz Chast

Mientras trabajaba en otra cosa (sí, trabajaba), me surgió a la memoria la revista The Sciences, de la Academia de Ciencias de Nueva York (hay que ser miembro de la Academia para verla, pero la primera página de cada artículo es gratis para todos). La súper gracia de esa revista es que ilustraban los artículos con obras de arte. Es decir: ni gráficos, ni ilustraciones a medida, ni fotos. Cuadros, esculturas, objetos artísticos. Una maravilla que conocí hace añares gracias a Jaime Poniachik.

Entre lo que más recuerdo de la revista está la página final de cada número, dedicada al humor. Por supuesto, ni idea de quién la hacía. Hasta ahora, gracias a la magia de internet. Curioseando el sitio de The Sciences, redescubrí que la página en cuestión se llamaba “Strange Matters”, por un tal Roz Chast. “Un” tal Roz Chast resultó mujer (en aquella época ni se me hubiera ocurrido, piensen que hace como treinta años de esto): Rosalind Chast. Por lo que veo, es más conocida por sus colaboraciones en el New Yorker. Ahora que miro bien reconozco su dibujo, aunque nunca lo asocié a aquella gloriosa página.

Bien al estilo Roz Chast. ¡Las onomatopeyas de la inacción!

Lo que no encuentro por ningún lado (dado que no soy ni planeo ser miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York) es un dibujo en especial, una página que en su momento fotocopié a color, donde Roz Chast mostraba la arqueología de los platos sucios. Arriba de todo, en una pileta profunda, estaban los platos de anoche, sucios pero nuevitos. Seguían hacia abajo los de la semana pasada, el otro siglo, el primer milenio AD y así. Si alguien la encuentra, recuerde que la necesito. (Me compraría este libro si supiera que incluye ese cartoon, pero lo dudo porque no mencionan The Sciences entre las fuentes.)

Theories of Everything, una recopilación de 400 páginas de cartoons de Roz Chast, con una introducción por el director del New Yorker.

Dato de color: Rosalind nació el mismo año que yo.