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Influencer o no influencer, esa es la cuestión

El jueves pasado leí “Cuando sea grande quiero ser influencer”, un artículo de Valentín Muro, sobre los influencers y los no influencers que actúan como sí, porque me llama la atención este momento en donde todo todo se sacan fotos y se publican en algún sitio. Ahí cita este breve artículo de Susan Sontag sobre fotografía, de 1977 (por cierto, qué bien que esté digitalizado ese archivo de The New York Review of Books). Sontag dijo en algún lado que el día está lleno de bolsillos para leer, y -haciendo honor a su comentario- lo leí mientras estaba en espera al teléfono para intentar hablar con una persona de correo argentino. Me dieron ganas de leer más a Sontag (que casi no leí) y de volver a ese libro sobre las imágenes de Peter Burke, que es una maravilla.

Llegué a la nota de Muro porque la publicó en su cuenta de Twitter, y ahí alguien le recomendó leer esta otra de Crisis, “Los influencers y el kiosco de la autenticidad”, de Nicolás Mavrakis, que me pareció muy interesante, sobre todo por los números, que no suelen abundar en estos temas.

Alguien también le recomendó este juego, que no me atreví a abrir, pero lo guardo acá por si hay algún valiente.

Y ayer salió esta otra nota, de Tomás Balmaceda, que se toca, sobre cómo los medios tradicionales (la tv) suma a su staff personas que ganaron notoriedad en medios alternativos (youtube o ig, por ejemplo). Supongo que se podría pensar algún tipo de relación con las editoriales que contratan para publicar textos que ya ganaron a sus lectores a través de los viejos y queridos blogs, o -más recientemente- en wattpad o que tienen sus fans en redes y les proponen proyectos de libros.